El fin de una era

Mi esposa y yo nos separamos. Después de 27 años juntos y dos hijos, ahora cada quien coge su camino.

Maria Alejandra (mi esposa) me salvó la vida en varias ocasiones. No de una manera melodramática, tipo película gringa, donde estoy atado a una silla, a punto de ser ejecutado y ella aparece al ultimo momento echando plomo y repartiendo coñazos. Sino de una manera mucho mas difícil: en el día a día, soportando mis depresiones, mis malos humores, mi desdeño y rechazo por el mundo entero, incluyéndola a ella, y siguiendo ahí, dándome amor y cariño y apoyo.

Durante 27 años nos apoyamos el uno al otro, a través de todas las aventuras y altibajos y tumbos que dimos, cruzando cuatro ciudades, dos continentes y dos hijos. Empezamos nuestras vidas de cero 3 veces, reinventándonos y adaptándonos a la cultura local cada vez. Pero en esencia seguíamos siendo nosotros, y ella seguía siendo esa maravillosa persona que me aguantaba y me apoyaba.

Nuestra relación cambió mucho, como es normal, cuando nacieron nuestros hijos. Ya no éramos una pareja, éramos padres. Mis hijos son lo mejor que me ha sucedido en mi vida, y yo no soy una persona muy tolerante de niños, siempre he preferido a los animales que a la gente; pero mis hijos son lo mejor en mi vida. Mis hijos no fueron la razón por la que mi relación con mi esposa terminó. Al contrario, nos unieron muchísimo más que antes.

Ahora los dos son mayores y se están yendo de la casa. Eso aquí en el Reino Unido lo llaman el “empty nest syndrome”, síndrome del nido vacío. Pero tampoco es esa la razón. Como mucho ese síndrome nos ha permitido plantearnos qué queremos para el futuro, y nos dimos cuenta que queremos cosas distintas. Aún nos queremos, pero ya no nos queremos como antes, y necesitamos cosas que el otro no nos puede suplir.

Un amigo, que se separo no hace mucho, me dijo <<Me importa un carajo que mi matrimonio haya fracasado…>>. Yo no lo veo así. Nuestro matrimonio fue un éxito rotundo: criamos dos hijos maravillosos, que serán mejores personas que nosotros y que aportarán algo positivo a este mundo que cada día está peor. En ese sentido, el matrimonio cumplió su función.

Sigo queriendo mucho a mi esposa, no estoy seguro cómo viviré sin ella, pero es el camino que toca ahora. Le deseo lo mejor y realmente espero que sea feliz. Yo la apoyaré y ayudaré en todo lo que pueda para que lo consiga. Sólo que ahora será sin mí a su lado.